CELOS Y RIVALIDAD ENTRE HERMANOS

Nadie ignora que, hasta cierta edad, el niño no sabe amar. Apenas le gusta ser amado. Es la llamada fase captativa, en que él vive con los ojos fijos en todo lo que le pertenece, demostrando desagrado siempre que se sienta amenazado de perder, tenga que prestar o precise repartir algo suyo.
Ciertos autores verificaron tales reacciones en el niño desde muy corta edad. Uno de ellos observó a un niño de siete meses llorando y agitándose al ver a la madre aproximarse a otro bebé. Otro describe el caso de un niño de diez meses, que, al ver a la madre besar al padre, se agita e intenta meterse en medio de los dos.
Con poco más de un año, si el niño rechaza el biberón o la papilla, basta que la madre los ofrezca a otro niño para que él se vuelva atrás en su gesto de repulsa. Si otro niño recoge uno de sus juguetes, o viste una ropa suya, se muestra enfurecido. Lo que es de él, es sólo de él. Es que todo niño es egocéntrico y demuestra una tendencia para creer que el mundo existe en función de su persona, que todo debe pertenecerle con exclusividad, inclusive la madre, y más tarde también el padre.
Esto, que hasta cierto punto es natural - ya que el egoísmo es trazo característico de la psicología infantil - cuando excede los límites de la normalidad, pasa a constituir un serio problema, pues genera el celo infantil, mórbido, uno de los grandes factores de perturbación en la intimidad familiar.
El celo es un sentimiento angustioso de inseguridad. Su efecto inmediato es el sufrimiento del niño, que juzga haber perdido el amor de la madre, del padre, o de ambos, en la suposición de que ellos prefieren dárselo a un hermano o hermana.
Secundariamente, el celo infantil podrá causar, también, a largo plazo, una serie de malas consecuencias, entre otras, la ausencia del sentimiento social, volviéndole incapaz de interesarse por la suerte ajena.
Delante de ese cuadro, que a veces llega a ser dramático, una primera pregunta debe haber acudido a la mente del (la) lector(a):
- Si la cosa es así, ¿ no seria preferible que el niño no tuviese hermanos?
En absoluto. Es bastante ventajoso que el niño tenga hermanos. Esto porque él se destina a vivir en sociedad y, como se sabe, la vida en un mundo competitivo como el nuestro es una lucha. Quien no sea preparado para ella, fracasará de seguro.
Ese ensayo, está claro, sólo podrá ser hecho en oposición a alguien, cuya fuerza no sea demoledora: hermanos y hermanas. Son ellos los mejores compañeros para tan importante aprendizaje.
Es conviviendo con los hermanos que el niño aprenderá:
- a controlar sus impulsos;
- a soportar leves injusticias;
- a ser contrariado en sus deseos;
- a hacer pequeños sacrificios;
- a tener en cuenta los derechos ajenos;
- a compartir sus cosas, inclusive el afecto de los padres, preparándose, así, para ser un elemento bien ajustado en el medio social.
La función esencial de los hermanos y hermanas es, pues, ocasionar la mejor socialización posible del niño, enseñándole a conquistar su lugar en medio de los otros, respetando el lugar de los otros; es despertar en él la capacidad de ver, oír y amar al otro, desenvolviendo en sí el sentimiento de fraternidad.
Acordes en que es benéfico para el niño que él tenga hermanos, sería oportuno examináramos ahora como deberían actuar los padres para que la rivalidad fraternal, a pesar de sus aspectos desagradables, dejase de ser un mal para constituirse en elemento de gran utilidad en el proceso de formación de la personalidad de los hijos.
La represión sistemática de cualquier hostilidad entre los hermanos, practicada por ciertos padres, con el pretexto de garantizar la buena educación de ellos y la armonía en el hogar, lejos de ser medida aconsejable, generalmente apenas lleva a la disimulación o a la transferencia de la agresividad así contenida.
Importante, de verdad, es que la madre sepa ejercer bien su papel integrativo, dividiendo su atención entre todos, amando personalmente a cada uno, construyendo y reconstruyendo, a cada instante, la unidad de la familia.
Cuando los hermanos tienen en el hogar un ambiente así, verdaderamente educativo, la rivalidad desaparece y, poco a poco, se va transformando en amistad y cooperación.
"Los lazos sociales son necesarios al progreso y los de familia más apretados hacen los primeros. Es por lo que los segundos constituyen una ley de la Naturaleza. Quiso Dios que de esa forma, los hombres aprendiesen a amarse como hermanos."
(Allan Kardec, El Libro de los Espíritus, c. 774)Rodolfo Calligaris
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