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LA VIOLENCIA EN EL HOMBRE

violencia

Cuando el hombre irrumpe en la violencia, que le conduce al crimen y a la alucinación, se le destruyen implementos muy delicados de la máquina encargada de su equilibrio emocional.

Creado para la dicha, el ser avanza en su camino de progreso intelecto-moral, mejorando sus aptitudes y superando, con esfuerzos continuos, aquellas que lo afligen, arrastrándolo hacia el estado primitivo de su vida…

Su punto inicial se pierde en el tiempo, en la inmanencia que había en la Tierra para el cuerpo y en la trascendencia que procede de la Divinidad, como luz coagulada que está reclamando la plenitud, que será lograda en el porvenir lejano y que está auspiciosamente aguardándole.

Poseedor de inagotables recursos en estado latente, éstos van aflorando de acuerdo con las conquistas de los peldaños de la escalera ascencional.

Liberándose lentamente del bruto que en él predomina, no pocas veces cae destrozado bajo su propia herencia ancestral, complicando el proceso liberador en el cual se empeña, obligándose así a reiniciar la labor interrumpida con mayor carga de aflicción y sometido a sacrificios más penosos, que constituyen una terapia y una disciplina reeducativas, mediante las cuales se arma de sabiduría para no volver a comprometerse nuevamente.

Pese a tal condición evolutiva, hay factores éticos, culturales, económicos y sociales que conspiran en contra de su paz, dificultándole el programa adoptado.

Se ha dicho que "el hombre es el producto del medio", pero él es quien construye el medio ambiente donde va a vivir.

De ahí que le corresponda la incesante tarea de dominar las condiciones negativas del lugar en que se encuentra, cambiándolas y proponiendo métodos eficaces para facilitar el desarrollo de su potencial innato.

La educación, en un sentido amplio de la palabra de informar y crear hábitos saludables, responde positivamente para lograr ese objetivo, porque ofrece valores éticos y culturales que conducen al ser a su destino superior.

La violencia, en consecuencia, es un vestigio de los instintos primitivos del ser humano, que la educación somete y orienta.

Las fieras atacan por instinto: para cubrir sus necesidades vitales y al sentirse acosadas. Ellas no razonan; su salvajismo es propio de su naturaleza animal.

El hombre, dominado por el egoísmo, permite que los instintos agresivos que aún le gobiernan, se liberen de las cadenas, moralmente frágiles y lo hagan impío, traicionero, impenitente verdugo de otros hombres o de otros seres…

La ambición desmedida y los tormentos íntimos igualmente responden hoy, en la Tierra, por la tremenda ola de violencia que atemoriza e intimida a toda la humanidad.

Al lado de estos factores surgen: la terrible miseria económica, las frustraciones psicológicas, la presiones de todo orden; todo lo cual no justifica el regreso al estado primitivo emocional, por el cual caen las adquisiciones de la civilización que parece retornar a sus condiciones iniciales….

Hay muchos otros tipos de violencia, que difieren en la forma brutal, para adoptar la posición de indiferencia ante los problemas humanos.

Son violentos los actos de soborno a la dignidad; de negociaciones deshonestas; de lucros exagerados; de negativas a los derechos ajenos; de mantener la ignorancia; de cultivar el pesimismo; de explotación bajo cualquier justificación o forma; de perturbación de la paz; de negar cooperación…

No es violencia solamente el impulso incontrolable que destruye y lastima, agresivo y alucinado.

Pero ese estado que ahora se vive en el mundo será transitorio.

Dejará, sin duda, surcos profundos, que el tiempo llenará con otras conquistas, pese a todos los dolores propiciados.

El hombre, no escuchando las voces de la razón y del amor, caminará bajo lluvias de llanto y remordimiento, aprendiendo a respetar los soberanos códigos que rigen la vida, avanzando siempre.

El conocimiento del Espiritismo y la vivencia de su moral, de su filosofía, contribuirán definitivamente para cambiar al hombre y al mundo, estableciendo de inmediato un programa de transformación personal y colectiva para mejorar, que producirá la elevación del planeta, que ahora es de expiaciones y pruebas, al grado de un mundo de regeneración y de paz.

Sí, la violencia desaparecerá, cuando el hombre comprenda la transitoriedad de su vida física y lo perenne de la vida espiritual; cuando despierte para la conquista de los valores eternos; cuando el amor, luciendo en su íntimo, le enseñe a ofrecer antes que tomar o recibir, a renuncias personales para el bien ajeno; a la alegría de servir sin ser servido; al perdón y a la humildad, estableciendo en su interior el reinado del espíritu, base verdadera de la vida, sin la cual su existencia estará hecha de utopías o de ilusiones.

Por eso, cuando la violencia irrumpe, desarticula implementos muy delicados de la maquinaria emocional, exigiendo que el violento, por medio de la reencarnación, limitado en sus movimientos y recursos, reconstruya dichos accesorios, cosechando el efecto de la siembra de la locura y aflicción.

La violencia, en consecuencia, es una etapa del proceso evolutivo que debe ser vencida rápidamente y con valor, sustituyendo esa voluptuosidad agresiva por la mansedumbre y la resignación dinámica, mensajeras de la paz que todos deseamos.

 

Luis di Cristóforo Postiglioni 

Mensaje psicografiado por Divaldo Pereira Franco                

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