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LOS PERJUICIOS DEL ALCOHOL

alcoholismo

"El medio en el cual ciertos hombres se hallan ubicados, ¿no es para ellos el motivo principal de muchos Vicios y delitos?

- 'Sí, pero incluso en ello hay una prueba escogida por el Espíritu en estado de libertad. El ha querido exponerse a la tentación a fin de ganarse el mérito de resistirla".

(Allan Kardec. El Libro de los Espíritus. Libro Tercero. Capítulo 1. Pregunta 644)

"La alteración de las facultades mentales por causa de la embriaguez, ¿excusa los actos censurables que el hombre en tal estado cometa?

- 'No, por cuanto el ebrio se ha privado voluntariamente de su razón a fin de satisfacer brutales pasiones. En vez de una falta, está cometiendo dos."

(Allan Kardec. El Libro de los Espíritus. Libro Tercero. Capítulo X. Ley de Libertad. Pregunta 848)

 

El alcohol (palabra de origen árabe: al = la, cohol = cosa sutil) no es ni alimento ni remedio. Es un tóxico. Cuando alcanza el seno del sistema nervioso, lo excita, disminuye su energía y resistencia y deprime los centros nerviosos, generando lesiones más graves: parálisis, delirios (delirium tremens). Como tóxico ataca de preferencia el aparato digestivo: el individuo pierde el apetito, el estómago se inflama y comienza a manifestarse la ulceración de su mucosa. A esto se agrega las afecciones, casi siempre incurables, de los órganos vecinos. Una de las más terribles es la cirrosis hepática, que se esparce progresivamente por todo el hígado, donde las células van muriendo por inactividad, hasta destruirlo totalmente.

Lo que se observa en los hospitales durante la autopsia del cadáver de un alcohólico crónico es algo horripilante. El panorama interno del cadáver puede compararse al de una ciudad totalmente destruida por una bomba atómica.

Además de las catástrofes provocadas en el organismo físico, ¿cuántos males y accidentes desastrosos son ocasionados por la embriaguez? Todos los días los periódicos llenan sus páginas con tristes casos de crímenes y desatinos que ocurren como consecuencia de la acción de individuos alcoholizados.

La embriaguez es un hábito que se encuentra difundido en todos los estratos sociales. Lo que cambia solamente es el tipo de bebida: de las más populares, al alcance del trabajador raso, hasta las más sofisticadas, para los hombres de "status". No obstante, la costumbre es la misma y los perjuicios semejantes. En general, la tendencia a la bebida proviene de una perturbación de la afectividad, la cual puede haber sido originada en la infancia. Los problemas infantiles generados por los desequilibrios familiares, por la falta de cariño de los padres o por otros conflictos, son comúnmente las raíces de ese estado íntimo propicio para el alcoholismo.

El alcoholismo debe ser encarado, en los casos más graves, como una dolencia orgánica, tal como, por ejemplo, lo es la diabetes. Debe ser evitado radicalmente, bajo pena de sufrir amargamente sus consecuencias en los procesos de recuperación en clínicas especializadas.

Existen individuos que buscan en la bebida un estado de liberación de sus tensiones recónditas, o el olvido momentáneo de sus penas y aflicciones, lo que denota una necesidad de reflexionar decididamente sobre esas causas, buscando nuevos rumbos para su propio esclarecimiento. La bebida solo lleva a la autodestrucción y nada de constructivo ofrece a sus víctimas.

Las alteraciones de las facultades intelectuales causadas por la embriaguez, principalmente las de autocensura, que privan a la persona de la razón, han llevado hombres probos a cometer desatinos, crímenes pasionales y desencadenar tragedias.

Durante la embriaguez, el dominio de nuestra voluntad es fácilmente conducido por entidades inferiores quienes nos llevan a cometer los actos de brutalidad.

El viciado en alcohol, casi siempre, tiene a su lado entidades inferiores que lo inducen a la bebida, ejerciendo un gran dominio sobre él y experimentando por su intermedio las mismas sensaciones etílicas. Se crea de ese modo una dependencia dupla: una por parte de la bebida propiamente dicha, con toda la carga sicológica que la motivó; y la otra de parte de las entidades invisibles que hipnóticamente ejercen su influencia, conduciendo al individuo mediante la sugestión a la ingestión del alcohol.

El proceso que se recomienda para liberarse de la bebida es traer a la mente, siempre que se presente el deseo, la idea dolorosa de las funestas consecuencias del alcohol. En esos momentos deben reprimirse los impulsos de beber con el recuerdo de todo lo repugnante y desagradable que el alcohol provoca. El alcohol disminuye la resistencia física, reduce el tiempo de vida y por esa razón el alcohólico es considerado un suicida. En particular, los espiritas conocen las consecuencias espirituales, principalmente el sufrimiento que tienen los espíritus de los suicidas cuando desencarnan.

En esos momentos de tentación a la bebida, cuando estamos imbuídos del deseo de liberamos de ella, el auxilio del Plano espiritual viene a nuestro encuentro, pero es indispensable el apoyo de nuestra propia fuerza de voluntad para que surtan los efectos esperados.

Es frecuente escuchar el aumento de parte de los viciados, de que la bebida es necesaria para ellos y que su voluntad no la puede contener. Cuando alguien afirma tal cosa, demuestra que no tiene ninguna voluntad para dejar de beber y en esos casos poco es lo que se puede hacer. Lo que realmente es importante es, que primero se despierte la voluntad de dejar el alcohol y a partir de allí, se asuma voluntariamente el propósito de no dejarse arrastrar más por la imaginación, ni por las ideas inducidas a veces obsesivamente desde el plano espiritual inferior, ni por las invitaciones de "amigos" que le hacen compañía durante las reuniones de consumo de bebidas alcohólicas.

La sed, el sabor, la oportunidad social, la obligación de aceptar una bebida de alguien a quien visitamos, etc., son algunas de las disculpas que tenemos para tomar algunas dosis de alcohol. Sin embargo, necesitamos estar atentos para no cometer exageraciones o abusos y no resbalar en ese hábito social que nos puede llevar a su condicionamiento.

NEY PRIETO PERES   

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